*Empezá a hablar con tus hijos sobre las bebidas con alcohol de la forma más natural y simple posible. *No uses un tono autoritario y evitá los sermones. *Escucha atentamente lo que tenga para decirte. *Explicale las consecuenciasdel consumo de alcohol sin protegerlo excesivamente ni asustarlo. *Contale a él eso que te contamos a vos sobre el perjuicio a futuro que significa tomar desde edad tan temprana. *Explicale que los efectos de tomar alcohol no son inmediatos y que si lo hace, lo va a sufrir más tarde. *Convencelo de que si toma y ahora no siente nada, cuando se dé cuenta será demasiado tarde. *Haga lo que haga tu hijo, siempre apóyalo. Siempre demostrale interés y sé cariñoso con él. *Deciles siempre cuánto los querés, aunque tengas la certeza de que ellos ya lo saben. *Acordate de que los jóvenes que reciben gran apoyo familiar tienen una propensión menor a desarrollar el hábito de consumir bebidas con alcohol antes de tiempo. *Promové siempre actitudes responsables frente a las bebidas con alcohol.
¿CÓMO SABER SI TU HIJO O HIJA TIENE PROBLEMAS CON EL CONSUMO DE BEBIDAS CON ALCOHOL?
Aunque seas un padre atento, muchas veces no es fácil saber si tu hijo tiene un problema serio, o si es un problema de comportamiento típico de la adolescencia. Puede simplemente estar cansado o cansada a causa de las actividades escolares, clases o trabajos. Si no tenés certeza de lo que está sucediendo, comenzá a observar las señales y hablá con él o ella. Lo más importante es mantener vivos la confianza y el diálogo. Evitá transmitir tu ansiedad por medio del control que deseás ejercer sobre tus hijos.
SITUACIONES PARA TENER EN CUENTA:
Estos pueden ser algunos de los síntomas de que algo está sucediendo:
*Cambios bruscos de comportamiento sin razón aparente aparente.
*Falta de interés por los amigos, los deportes, el entretenimiento.
*Pérdida del apetito.
*Comportamiento depresivo.
*Hiperactividad o fatiga.
*Descuido en la forma de vestirse o en el aseo personal.
*Escapadas de casa.
LA FUNCIÓN DE LOS PADRES
Hoy, cuando la vida moderna está invadida por la tecnología, las presiones laborales y sociales, la función paterna se encuentra inmersa en esta vorágine cotidiana, mostrando en ciertas ocasiones, temores, dudas, permisividad y hasta por momentos sentimientos que se equiparan a la culpa, haciendo conflictiva la conducción y la formación de los hijos.
Por eso, hoy más que nunca, frente a esta problemática, se debe revalorizar esta función indelegable, que compromete y responsabiliza a cada padre con ese ser que evoluciona y crece día a día.
LA AUTORIDAD Y LOS LÍMITES
Poner límites es cuidar. Los límites son necesarios. Permiten diferenciar entre lo bueno y lo malo, lo que hay que hacer y lo que no. Sin ellos hay vacíos, soledad y confusión. Los padres deben ser los referentes en los cuales los hijos puedan sentirse seguros, valorados y apreciados. La autoridad sólo es válida con afecto, ternura, abrazos, caricias y firmeza en las decisiones.
El límite cuida y acompaña al crecimiento. Fortalece, permitiendo que los hijos se conozcan y descubran sus posibilidades, el respeto y valor por si mismos.
Recuerdo a Telémaco hijo de Odiseo que en la Odisea encarna al joven que espera al padre. Es el mito griego de un joven al que le hace falta un padre. Mira al horizonte del mar y espera al padre para ordenar su casa y las polis. La demanda no es de Poder y de disciplina sino de testimonio. Se buscan padres testigos que a través del testimonio permitan encontrarles un sentido a sus vidas.
Los hijos de hoy, los nuestros, parecen ser una suerte de nuevos "Telémacos". Miran nuestros hijos el horizonte esperando la función paterna. Necesitan un padre y ésta es la demanda acuciante de hoy. Mientras la "progresía" discute en las Cámaras la liberación de la marihuana, los jóvenes se ríen de este mundo adulto decadente ya que la marihuana es solo un ingrediente del "combo" actual de drogas.
No hay que añorar al padre-padrone (padre patrón) sino al padre que permita heredar algo o sea que transmita la ley de la Palabra, que la vida no es violencia contra sí o contra otro. Sin transmisión no hay filiación. Hoy nuestros hijos están desheredados porque no le hemos transmitido la palabra.
Cuando abordamos a jóvenes dependientes a sustancias o sea aquellos que tienen un comportamiento compulsivo y no pueden dejar la obsesión por consumir, analizamos siempre una vieja fórmula pero que sigue siendo actual en donde hay tres elementos que inter-retro-actúan entre sí: tipo de personalidad y su historia evolutiva y de aprendizajes, las sustancias con su poder de daño tóxico sobre los sistemas orgánicos y psicológicos y el contexto (familiar, social, cultural) que rodea al jóven que pide ayuda.
Cada vez más me interesa el contexto. Trabajo con jóvenes que buscan un padre o a padres. Están con ellos, pero éstos son solo "niños que juegan" con ellos a drogarse. Padres cómplices, "pares" con sus hijos, adolescentes ellos, padres adultescentes.
Crecer asusta, y los jóvenes hoy se apoyan en muletas que los ayuden en ese trajín. El alcohol y las drogas son dos de las maneras de suavizar lo que preocupa.
Nuestros hijos no nos oyen todo el tiempo pero NO DEJAN DE MIRARNOS, la pasión que no podemos transmitir a nuestros jóvenes, el entusiasmo que les debemos a la hora de mostrarles el camino hacia el mundo adulto, muta en estos tiempos por placer líquido, por panaceas etéreas, por anestesiasal miedo de dar el salto desde el confort de ser niño. Los padres sueltan riendas mucho más de lo que debieran por un temor oculto a que sus hijos dejen de prodigarles amor, temen a menudo plantarse amorosamente firmes frente a sus hijos por temor a perder el cariño de los mismos. Miedo a que se enojen, a que se frustren, a que sufran. La suma de todos estos miedos da como resultado a estos padres amorosamente tibios en un rincón e hijos que desafían dónde y cuándo no tienen que hacerlo. No dejarán de querernos si hacemos las cosas bien y los cuidamos, se irán unas horas y volverán sin dudar porque necesitan de nuestros límites que son amor, prudencia y refugio, aunque les dé a menudo mucha bronca e impotencia. Aprenderán, ni más ni menos, a crecer.
Nuestros hijos hoy se doctoran en cultura cannábica en la universidad Google ...
“¿estamos todos de acuerdo en que no es normal ni natural que nuestros chicos consuman marihuana?” les pregunto a mamás y papás en mis talleres y el silencio de su respuesta abruma...
No podemos, no debemos, de ninguna manera, naturalizar que nuestros niños consuman marihuana ni ninguna otra sustancia psicoactiva. Como padre, como profesional que trabaja con adolescentes y jóvenes que consumen, se me pone la piel y carne de gallina cuando oigo, veo, convivo conpadres que bajan brazos, sin ser conscientes que lo hacen y se alinean con la cultura pro cannábica.
La otra opción es entender y admitir que sus hijos tienen problemas con el consumo de drogas, y que los padres somos parte de este problema. La negación, una vez más al servicio de la patología adictiva, pero esta vez es un fenómeno no singular e individual sino cultural. Y esto lo hace más complejo. Fumar marihuanade tanto en tanto, con amigos, de forma social, es similar a pasear por una cornisa, ancha, desde un primer piso; nadie se va a matar si se tropieza y cae, pero sin dudas se romperá algunos de los huesos. Nunca nadie puede saber si en algún momento de su vida las circunstancias lo llevarán a dejar de manejar lo que hasta ese entonces estaba dominado. El cannabis es una sustancia psicoactiva, genera alto grado de dependencia, y los peligros son muchos y graves, no sólo por las consecuencias de un exceso en el momento que pueda generar una desestabilización en lo orgánico, sino por el riesgo cierto, y minimizado generalmente, de un pasaje rápido del “yo lo manejo” a instalar un cuadro adictivo, cuyo tratamiento y rehabilitación es un camino de ripio, frente a la alternativa de una ruta de amplios carriles. El inicio de la adolescencia está cada vez más acompañado tristemente por diversas sustancias psicoactivas, el alcohol a la cabeza y la marihuana ganando posiciones. Y no nos olvidemos del tabaco (que no es psicoactivo, pero tiene efectos devastadores). El imaginario colectivo se centra en que “la previa” (como denominan hoy los jóvenes al encuentro anterior al ir a bailar) es respecto a la fiesta, a la noche, lo que la elongación es a la actividad física. Pero, para los jóvenes, “la previa” no es otra cosa que encontrarse para “desencontrarse”, porque en ella subyace la idea del alcohol como antesala de la diversión. Nada de eso ocurre: es cierto que el alcohol tiene efectos desinhibidores, pero así como nadie se convertiría en un asesino que no es sólo por embriagarse, tampoco mutaría en un latin lover por el mismo hecho. Somos lo que somos, y lo que tenemos oculto podemos y debemos destrabarlo de formas más saludables que metiendo sustancias en nuestros cuerpos.
El propio hogar como institución segura es una construcción que se cimienta desde los padres. Cuando éramos pequeños, jugábamos a la mancha y al tocar una pared gritábamos “¡CASA!” y ya estaba: zafábamos, nadie podía hacernos daño. La casa debería ser el lugar donde podamos vivir nuestras alegrías con total intensidad, bailar si queremos, cantar sin vergüenzas, estar enojados, todo debería ser seguro y posible allí dentro de lo saludable. La casa debería ser refugio.Pésima idea la de pensar a la propia casa como lugar habilitado para las “transgresiones en entorno controlado”: prefiero que tomen aquí en mi casa, porque yo lo estoy controlando...dirían los padres adultescentes... En el tratamiento de las patologías adictivas, y en países en los que hay consumo de opiáceos por ejemplo, la política sanitaria es darle a los adictos sustancias alternativas menos tóxicas que la de base para paliar los daños que la heroína, por ejemplo, causa. Les dan metadona que es más benévola que la droga que consumen porque la abstinencia en estos pacientes es casi imposible de lograr. Heroína inyectable, adictos de años de enfermedad es un escenario muy distinto a adolescentes que comienzan a coquetear con el alcohol por presión de pares, por sentirse grandes, por jugar a ser intrépidos. Los padres NO DEBEN REPETIR modelos tóxicos. Me contaba con mucha tristeza una muchachita como su padre le decía resignado: "No voy a poder hacer nada para que no fumes, por lo menos fuma cosas buenas , yo te doy el dinero", triste radiografía de estos tiempos. Otros ejemplos: "Que mi hijo cultive acá sus plantitas de cannabis así no fuma cualquier porquería.""Que hagan la previa en casa y de paso les hago esa torta que tanto les gusta." No confundamos por favor las cuestiones esenciales de ser padres, cuidemos ydigamos NO las veces que tengamos que hacerlo.No habilitemosla exogamia riesgosa en el crecer de nuestros hijos. No dejemos que la propia mirada omnipotente y todopoderosa de la adolescencia los gobierne. Que la palabra circule, que nuestros hijos se enojen si tienen que hacerlo. Tendrán dos trabajos, deberán enojarsey desenojarsecomo dicen las tías. Que los padres cuiden y que sean padres, hoy y siempre.
Padres adultescentes en su manera de “acompañar” a sus hijos adolescentes y su estrategia para moderar los daños del alcohol, SON padresamorosamentetibios. Destaco el amorosamente, no es falta de amor sinofalta de herramientas para enfrentar los desafíos que los tiempos y nuestros hijos nos plantean. Digo para empezar, no podemos negociar con la salud de nuestros hijos.No todos los chicos toman, no todos los adolescentes buscan la manera de conectar diversión a través de la inmediatez de cualquier sustancia psicoactiva. Pensar que es causa perdida lleva a bajar los brazos, a desligarnoscomo adultosde la responsabilidad de cuidarlos, de marcar señales que los ayuden a crecer. En esta cultura adictiva somos los padres los que debemos mantener posición amorosamente firmea la hora de los límites.
Como padres, el desafío es grande, tengamos en cuenta:
Fundamental es la prevención desde que los hijos son pequeños, no desde el miedo. Recordemos que la prohibición genera el deseo, propiciemos la información sin tabúes, desde el sentido común, desde el diálogo.
Tengamos en cuenta que la etimología de la palabra adicción proviene de “a-dicere”, lo que no se dice… Entonces, si circula la palabra en el seno de la familia aumentamos muchísimo las chances de prevenir situaciones adictivas.
Y DE HECHO....HOY PUEDE SER UN GRAN DIA PARA EMPEZAR!!!