Mostrando las entradas con la etiqueta Marihuana. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Marihuana. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de agosto de 2022

"EL PORRO NO HACE NADA...(Y YO ME LO CREI)"

Hoy quiero compartir con ustedes un testimonio personal de un joven español que ha posteado en su muro de facebook una experiencia dolorosa y frustrante. 


A lo largo de los meses, su post no sólo fue traducido por voluntarios a varios idiomas sino que no para de rebotar en las redes, generando conversaciones, confesiones y adhesiones.
La compartimos porque la naturalización del consumo de marihuana es peligrosa, como es riesgoso el consumo de cualquier sustancia psicoactiva. Y porque la situación varía enormemente según la edad, el sexo, la frecuencia, la vulnerabilidad psíquica y genética de cada persona, la red de contención y otras tantas cuestiones que pueden hacer que fumar porros sea algo esporádico, recreativo, o una seria adicción.




"Mi padres siempre me dijeron que la droga mata, pero yo veía muchos chicos fumar marihuana y ninguno se moría. Y veía también que mis amigos, cuando fumaban, empezaban a reírse y a divertirse. Me decían ´lo que mata es el cigarrillo de tabaco, por eso yo fumo marihuana´. Ellos fumaban y nadie mejor que ellos para decirme la verdad sobre el porro era o no peligroso. Fui directamente a la fuente, a los que fuman, y me aseguraron que eran todas mentiras, que el porro sólo relaja y divierte. Que te sentís bárbaro. Que no había riesgo y que los caretas sólo quieren asustarte.



Lo curioso es que algunos padres de amigos también se habían dejado convencer. "Lo hacen todos, fuman en todos lados, es un pasatiempo. No hay nadie que no lo haga y la gente sigue con sus estudios o su trabajo sin problema. Peor es el alcohol."



Todos fuman, dicen, y los padres quedan sin armas, se entregan. Si dicen que no o te hacen problema, parece que estuvieran en contra de la sociedad o que no entienden nada. Atrasan. No tienen onda.



Todos decían que fumar no hacía nada y me convencieron. Quería ser como ellos, reírme como ellos, sentirme especial como ellos. Lo probé y me desinhibí, era otro. Y estaba bueno, me gustaba hacerlo, me sentía seguro. Primero era cada tanto y de a poco lo empecé a necesitar. Para salir, para pasarla bien, para bajar la ansiedad, para disfrutar una película, para animarme a estar con una chica.



El porro me fue tomando. Empecé a fumar cada vez más seguido. Y empezó a haber problemas en mi casa, me empecé a distanciar, sentía que nadie me entendía, que el problema de mi vida eran ellos. En mi familia me decían que no se me podía hablar, que reaccionaba mal, que estaba irritable, siempre ajeno a todo. Yo les decía que no se metieran en mis cosas.



Cuando las cosas se ponían duras en el colegio, me fumaba un porro y me dejaba de preocupar. Todo estaba bien... Pero me fui alejando de mi vida. Hasta mi novia me dejó, pero ya no me importaba nada. Dejé de ir al club, dejé inglés, y empecé a pasar cada vez más tiempo con mis amigos del porro, incluso en horarios de colegio.



Mi mamá se enojaba porque a casa iba sólo a comer y a encerrarme en mi pieza. Y que generaba conflictos por todo. Juan, un amigo de la infancia que nunca consumió, dice que yo sentía que estaba bárbaro porque no me daba cuenta de la realidad. Que todo estaba muy mal y no lo veía, que hasta me bañaba poco y mi junta en la calle era cada vez peor.



Me costaba estudiar, me pasaba horas sobre la misma página del libro, no lograba memorizar ni concentrarme. Empezaba a olvidarme algunas cosas. Terminé repitiendo año y dejando la escuela. Todo se derrumbó.



Yo pensaba que la manejaba, que podía pasar días sin fumar si quería, pero siempre necesitaba tener una dosis diaria guardada, por la ansiedad y por el nerviosismo. En general, en algún momento terminaba fumando, aunque sea para dormir.



Algunos días no lograba sentirme bien con el porro y sumaba una cerveza. Y si entre el alcohol y la marihuana terminaba muy planchado, me enchufaba un poco con cocaína. Más de una vez me asusté porque sentí que el corazón se me salía del pecho.



De a poco, me fui dando cuenta que no podía parar. Todo se fue al diablo. Hoy tengo 24 años y estoy en una comunidad terapéutica. Mis padres, cansados de que yo siga "vegetando" sin concluir nada, me internaron. Yo me negaba, me peleé mucho, pero ellos me plantearon que si elegía seguir con la misma vida, no me iban a mantener más, que me tenía que ir de casa. Yo no tenía manera de conseguir ningún trabajo, porque era un inútil, y las changas que conseguía no me alcanzaban para alquilar nada ni mantenerme. Entonces accedí. Pensé: "no tengo para alquilar o comer, me quedo en un centro de rehabilitación, así los dejo tranquilos por un tiempo y me dejan de joder".



Nunca dejaré de decirles gracias. A las semanas de dejar el porro empecé a tomar conciencia de la realidad que vivía y cómo me había engañado durante años. La marihuana alteraba todo lo que yo veía y cómo lo percibía. Veía una realidad diferente a los que no fumaban. Vivía de sueño en sueño, de locura en locura... Me hacía unos castillos fantásticos, en el aire, pero después no concretaba nada. Y cambiaba mis proyectos semana a semana, año tras año.



A veces me siento como un estúpido, infantil, que llora por su mamá o por una pequeña frustración, y me da vergüenza verme tan detenido, tan inmaduro. Es como si hubiera dejado de crecer el día que me enganché y me enamoré de la marihuana. No aprendí a resolver problemas, no aprendí de las experiencias, todo lo tapaba con un porrito. Me sentía muy capo, muy vivo, y todos mis pares avanzaron y progresaron y yo sigo como un adolescente, sin rumbo, vulnerable, quebrado.



Cuando entré al centro de rehabilitación no me quería quedar porque había varios chicos chapita-chapita, y yo era sólo marihuanero. Pero después supe que empezaron como yo, enamorándose del porro. Escuchaban voces (alucinaciones auditivas), hablaban solos y no coordinaban mucho lo que decían, a pesar de estar ahí desde hacía varios meses sin consumir drogas.



Después me explicaron que la marihuana en algunas personas desencadena una psicosis (no tener contacto con la realidad, entre otras cosas), y que algunos mejoran con medicación si no fuman más marihuana pero otros jamás se recuperan de su enfermedad mental.



Para entender un poco mejor empecé a leer, y supe que las drogas estimulan la liberación de una sustancia (neurotransmisor) que se llama dopamina. Esta sustancia estimula una zona del cerebro, que se llama Centro de Recompensa, dando como resultado una sensación de placer. La persona quiere repetir esta sensación y, para lograrlo, debe aumentar de a poco la frecuencia y la cantidad del consumo, y se hace cada vez más difícil decir que "no" a "eso" que te da placer y que, encima, "todos hacen".



A medida que se aumenta el consumo, las neuronas se acostumbran, se van adaptando al nuevo invitado químico, y se hace cada vez más difícil o imposible dejarlo. Es que la adicción es una enfermedad: intervienen mecanismos biológicos, no sólo psicológicos y no se cura sólo con la voluntad.



La propiedad mágica de la droga es que hace sentir placer inmediatamente. Pero es importante que alguien te diga la verdad: uno se enamora, se casa, y lo mas triste es que no te podes divorciar. Si te dicen que el porro no hace nada, por favor, al menos, no les creas".




¡HOY PUEDE SER UN GRAN DIA PARA EMPEZAR!


Tus dudas e inquietudes las respondemos en:
primerpreventor2014@gmail.com
www.facebook.com/primer.preventor.9
www.facebook.com/primerpreventorok


domingo, 10 de abril de 2022

MARIHUANA....¿INOCUA?

Que es inocua. Que es mejor que fumar tabaco. Que no causa dependencia. Que puede resultar beneficiosa en algunas circunstancias. De la mano de una creciente aceptación social, la marihuana sigue avanzando y es por lejos la sustancia ilegal más consumida. En los últimos siete años, el uso de esta droga se duplicó. Ahora, un nuevo informe aporta otro dato alarmante: en 2017 hubo más pedidos de tratamientos por el efecto del cannabis que por el alcohol y la cocaína.
De acuerdo con las cifras del Observatorio Argentino de Drogas, de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico, unas 118.000 personas buscaron en 2017 ayuda por el abuso de sustancias psicoactivas. Solo la mitad de esos consumidores iniciaron finalmente un tratamiento. El mayor porcentaje de ellos, un 27% (representa 17.000 personas) están haciendo terapias por su dependencia a la marihuana, mientras que el 22,3% recibe asistencia por alcoholismo y un 22,5% por cocaína.
Según el estudio que hicieron los profesionales de la Sedronar, 18 de cada 100 personas que hicieron uso recreativo de la marihuana en el último año manifestaron signos de adicción.
Un dato que preocupa es que del total de 278.000 personas que presentan consumos problemáticos de la sustancia, solo el 6% ingresaron a tratamientos (17.000). Mayormente pidieron ayuda los varones de 18 a 25 años. Las 118.000 personas que buscaron ayuda en 2017 se dirigieron en mayor medida a centros de asistencia supervisados por sectores religiosos (en el 28,4% de los casos), un 23% recurrieron a grupos de Alcohólicos Anónimos y un 19% a comunidades terapéuticas). Los hospitales públicos recibieron el 16% de las consultas.


Muchos plantean que la marihuana no es tan dañina. En comparación con las drogas sintéticas y el paco efectivamente es menos perjudicial, pero no quiere decir que no haga daño en el consumo prolongado.  

El consumo de marihuana se ha naturalizado. Hay eventos, como fiestas e incluso partidos de fútbol, donde ya nadie se sorprende cuando se percibe que alguien está fumando marihuana. Es una droga, además, que se ve en todas las clases sociales. Distintas corrientes se empeñan en decir que es una sustancia que no genera adicción. No es cierto. Nosotros en los barrios vemos chicos que empiezan a muy baja edad a consumirla y fuman hasta 15 porros por día.  
Y aquí trazo una diferencia con el cannabis medicinal, es que la planta de marihuana tiene muchos químicos; uno de ellos se usa con fines terapéuticos. Pero el que se utiliza con fines recreativos es perjudicial. Nada que se fume puede ser bueno. 
Que esté muy naturalizado su consumo se debe, en parte a la enorme facilidad de accesibilidad a esta droga, (de hecho el estudio de la Sedronar muestra que cuatro de cada 10 chicos de 15 a 17 años asegura que recibieron en el último año al menos una oferta para comprar marihuana)  y en parte por la banalización en la percepción del riesgo que implica su consumo: es evidente cómo el incremento en el uso de marihuana se relaciona a la creciente percepción de que esa actividad no implica ningún riesgo para los consumidores, estadísticamente en 2010 el 11,4% de los adolescentes creía que fumar cannabis era inocuo; hoy el 21,3% asegura esto. 


En los periodos de consumo activo puede producir un abandono del interés por las actividades no relacionadas con el consumo y de las actividades escolares. Por otra parte el consumo ocasional o recreacional en personas jóvenes es especialmente peligroso por el riesgo de cronificación del consumo y por las complicaciones psicopatológicas.
El consumo regular de cannabis tiene capacidad de producir cambios conductuales, cognitivos y psicopatológicos  en contexto de abuso o dependencia de esta sustancia.  
Desde la perspectiva psicopatológica a dosis bajas el cannabis produce euforia, risas inadecuadas, sensación de bienestar, sedación, aumento de la autoconfianza, deterioro de la memoria inmediata y de la capacidad de juicio, dificultades para llevar a cabo operaciones mentales complejas, y alteraciones perceptivas. Las percepciones sensoriales cambian: aparece sensación de relajación, de flotar y transformación de la percepción temporal. Es muy frecuente el enlentecimiento de la percepción del tiempo. 
A dosis medias se presentan cambios en la vigilancia, concentración, memoria y de las actividades psicomotoras. Puede aparecer ansiedad, disforia o retraimiento social. También es frecuente la aparición de síntomas maniformes.
 A dosis muy altas puede producir síntomas de desrealización y despersonalización, alucinaciones visuales, suspicacia e incluso ideación paranoide transitoria.  
La sobredosis de cannabis no es mortal, cuando el consumo es exclusivo de esta sustancia. Cursa con  taquicardia, ataxia, temblor, labilidad afectiva, y aumentos súbitos de la ansiedad. En ocasiones la sintomatología puede llegar a ser como una crisis de angustia, similar a los ataques de pánico. La persona esta desorientada témporo-espacialmente y en los casos más graves se producirá un delirium, en este estado se han demostrado en numerosos estudios déficits neuropsicológicos.
El hecho de que el inicio del consumo se produzca a edades cada vez más precoces supone una perspectiva cronológica desfavorecedora/favorecedora en relación al potencial desadaptador de la sustancia, que se potencia cuanto mayor es la vulnerabilidad del sujeto.  
También el consumo de cannabis se ha asociado al consumo simultáneo de otras drogas, especialmente de alcohol y tabaco y de incremento del riesgo del posterior consumo de otras drogas, denominado “fenómeno de escalada” y del policonsumo. Este fenómeno se ha relacionado con la vulnerabilidad genética común al consumo de las distintas drogas, la disminución de la percepción de riesgo de uso de drogas y el incremento del riesgo del uso al estar en contacto con los circuitos de distribución de otras drogas.  Aunque no es la sustancia que más emergencia causa, como el alcohol y el paco, sin embargo, suele ser la sustancia en la que hoy se inician muchos niños, adolescentes y jóvenes que luego se vuelven policonsumidores.
Lo primero que se ve en el consumo crónico es el daño que causa en los bronquios, los usuarios de esta droga tienen muchos problemas respiratorios;  es una droga que, como muchas otras, provoca un aparente estado de bienestar porque actúa sobre el sistema de recompensa del cerebro. Este, al ser estimulado, pide más. 
Los adictos a la marihuana muestran gran apatía; no tienen motivación para salir, te miran con los ojos vacíos, y entre los otros efectos que puede tener esta droga, además del compromiso respiratorio, merecen citarse: el compromiso en la habilidad motora, la retención urinaria con el riesgo de sufrir infecciones, el hecho de que te aumenta la presión arterial cuando estás durmiendo y te la baja cuando uno se incorpora, provoca flashback (re-experimentas alteraciones  sensoperceptivas sin que exista consumo reciente), la persona se asusta y puede sufrir ataque de pánico y disminuye la memoria a corto plazo. Si bien al comienzo causa relajación, con el tiempo aumenta la ansiedad. Muchos consumidores pierden la imagen corporal y lo más peligroso, lo más temido, es la famosa despersonalización, llamada la psicosis de la marihuana, un trastorno de personalidad.






Al fin y al cabo no es tan inocua como nos quieren hacer creer.
NO PODEMOS NATURALIZAR EL CONSUMO DE MARIHUANA.


¡HOY PUEDE SER UN BUEN DÍA PARA EMPEZAR!


Tus dudas e inquietudes las respondemos en:
primerpreventor2014@gmail.com
www.facebook.com/primer.preventor.9
www.facebook.com/primerpreventorok


26 de JUNIO - LAS PERSONAS PRIMERO

En su   resolución 42/112 , el 7 de diciembre de 1987, la Asamblea General decidió celebrar el 26 de junio el Día Internacional de la Lucha ...