jueves, 10 de septiembre de 2020

PUBLICIDAD Y CONSUMO DE ALCOHOL ADOLESCENTE I








No debemos vanagloriarnos de ser una sociedad que ha naturalizado el consumo de alcohol; de hecho el alcohol es la droga más usada en nuestra cultura, es socialmente aceptada, es legal, e igualmente es la droga inicial de consumo en nuestros muchachos y chicas.
Uno de los factores que contribuye a mantener viva esa cultura del alcohol, está dado por la publicidad con todos sus mecanismos de difusión de bebidas alcohólicas y de manipulación de las personas para conseguir el consumo. 
Analizar los valores a los que alude la publicidad, ver sus objetivos y comprender los estereotipos en torno al consumo de alcohol nos permitirán comprender mejor esta compleja situación con el objeto de generar un proceso educativo comprometido con la problemática social del alcohol.

La publicidad tiene una gran fuerza no solo para mantener “estilos de consumo” existentes sino además para abrir nuevos mercados; las empresas de bebidas alcohólicas saben moverse muy bien entre los estereotipos del alcohol y para mantenerlos y reforzarlos utilizan todos los recursos disponibles, ya que en definitiva quieren mantener y ampliar su mercado ante nuestra indiferencia o permisividad interesada.
La publicidad de bebidas alcohólicas influye no sólo en los hábitos de consumo, sino también en las actitudes de los jóvenes hacia el alcohol


Diferentes investigaciones apuntan que existe una relación directa entre el volumen de impactos publicitarios o anuncios recibidos y el consumo de bebidas alcohólicasTambién señalan que la exposición de los menores de edad a los anuncios de bebidas alcohólicas provoca el desarrollo de expectativas y actitudes más positivas hacia el alcohol, lo que a su vez influye en la edad de inicio al consumo de alcohol y en los niveles de consumo.

La acumulación de mensajes publicitarios genera en los jóvenes actitudes favorables hacia el consumo de alcohol, jugando un papel importante en la decisión de beber de los jóvenes, así como en la forma en que se bebe: la exposición a la publicidad de bebidas alcohólicas y a otras actividades de promoción de estos productos está vinculada a un riesgo significativamente mayor de que los adolescentes y jóvenes comiencen a beber alcohol y de que los que ya beben lo hagan en mayor medida.










Impacto de la publicidad de bebidas alcohólicas en los adolescentes:


la publicidad de bebidas alcohólicas cala entre los adolescentes, que son capaces de reconocer las principales marcas y anuncios de bebidas alcohólicas.


  la exposición a la publicidad de bebidas alcohólicas favorece la presencia de creencias y actitudes positivas hacia el consumo de alcohol, aumentando la frecuencia de consumo.


  la publicidad y otras formas de promoción de bebidas alcohólicas incrementan la probabilidad de que los adolescentes comiencen a consumir alcohol y de que aumenten los consumos de quienes ya beben.


 ➽ cuanto mayor es la exposición a los anuncios de bebidas alcohólicas, mayor es la frecuencia con que se consume alcohol.

 la publicidad aumenta la probabilidad de que los adolescentes comiencen antes a beber.



La industria de las bebidas alcohólicas vió en los adolescentes y jóvenes, además de en las mujeres, una cantera de potenciales bebedores a los que deseaba fidelizar en el consumo de estos productos. Para crear y ampliar un mercado de consumidores fieles, la industria recurrió a dos estrategias publicitarias básicas:


 ➽ Incidir en los jóvenes que ya consumen alcohol, para reafirmarles en su elección o inducirles a un cambio de marca.

  Crear un nuevo público diana, mediante una “acción educadora” de sus comportamientos y hábitos de consumo, soportada en millonarias inversiones en publicidad
.












Para persuadir a los jóvenes para que consuman bebidas alcohólicas, la publicidad utiliza diversas asociaciones, entre las que destacan:



*ALCOHOL SINÓNIMO DE FIESTA Y DIVERSIÓN:

La publicidad intenta imponer la idea de que no es posible divertirse de verdad si no media la presencia del alcohol. No importa que los adolescentes tengan otras muchas formas de ocupar el tiempo libre de forma saludable, de relacionarse con otras chicas o chicos, de divertirse y compartir vivencias y emociones positivas o de que tras la falsa imagen del alcohol como droga festiva se ocultan muchos problemas (conflictos con los padres, accidentes, peleas, problemas académicos, etc.). 

*ALCOHOL ASOCIADO A LA NOCHE Y LA TRANSGRESIÓN:

La noche simboliza un espacio alejado del control de los padres, donde los adolescentes y jóvenes permanecen juntos, alejados de la mirada de los adultos. Pero es también un tiempo de magia, donde es todo es posible, donde los sueños y aspiraciones de los jóvenes pueden hacerse realidad (enamorarse, tener sus primeras experiencias sexuales, hacer amistades, sentirse libre por un breve lapso de tiempo, etc.). Un espacio/tiempo donde es posible la trasgresión, hacer y sentir cosas nuevas, todo ello siempre con la inexcusable compañía del alcohol.




*ALCOHOL Y AMISTAD:

La publicidad pretende hacer creer a los jóvenes que beber alcohol es una forma de hacer amigos, presentando al alcohol como un sinónimo de sociabilidad, cordialidad y desinhibición. Beber se supone que ayuda a los jóvenes a desinhibirse o a hacerlos más sociables, a ser populares y aceptados por los demás. Poco importa que el alcohol no ayude en absoluto a mejorar sus habilidades personales o sociales o que su consumo pueda provocar el rechazo de otras personas.
La publicidad no sólo vende la idea de que el alcohol permite tener más amig@s, sino que además ayuda a reforzar las relaciones con el grupo, a fortalecer la integración de sus miembros. Te propone el sabor del encuentr@. El mensaje es claro: las cosas importantes, como el disfrutar y divertirse, se comparten con los amig@s. En una burda manipulación de la presión grupal, se señala que para estar más unido a los amig@s, más integrado en el grupo es necesario que todos compartan los mismos hábitos, que tod@s beban alcohol.

*BEBER PARA ESTAR A LA MODA:

La publicidad traslada a los adolescentes y jóvenes el mensaje de que si de verdad desean estar a la moda, participar de aquellas cosas que supuestamente hacen los jóvenes, es imperativo consumir alcohol. El mensaje es: Nadie de verdad puede divertirse plenamente si no sale en el fin de semana  a tomar con sus amig@s.
No importa que el hábito de consumir bebidas alcohólicas en los fines de semana sea una moda impuesta a los adolescentes y jóvenes por los productores de bebidas alcohólicas con el único objetivo de hacer negocio, ni que un importantísimo porcentaje de jóvenes no consumen alcohol o que, precisamente, sean estos jóvenes quienes más disfrutan y más satisfechos están con la forma en que ocupan su ocio.

*ALCOHOL Y SEDUCCIÓN:

Se trata de fijar el mensaje de que tomar alcohol hará que resultes una persona más atractiva, interesante y seductora. Los anuncios de bebidas alcohólicas están plagados de sensualidad, de modelos femeninos y masculinos atractivos en poses y actitudes seductoras, cuando no incorporan directamente en sus imágenes reclamos sexuales. El mensaje es sencillo: para seducir a los demás, para provocar su interés y atracción, para ligar, basta con consumir bebidas alcohólicas. Poco importa que el consumo de alcohol provoque el deterioro de la imagen personal (aumento de la sudoración, mal aliento, etc.) o que noche tras noche muchas personas acaben solas y frustradas en la barra de un bar o en boliche comprobando como se diluye el espejismo de la seducción a través del consumo de bebidas alcohólicas.

*ALCOHOL Y EXITO SEXUAL:

La publicidad de las bebidas alcohólicas no sólo promete seducción, una legión de chic@s rendidos a nuestros pies, sino que además nos promete noches de pasión intensa, en una recurrente vinculación del alcohol como potenciador de la actividad sexual. Ignora las evidencias científicas que asocian el consumo de alcohol con una pérdida del apetito sexual y diversas disfunciones sexuales (problemas de erección, impotencia, etc.), además de numerosas agresiones sexuales.


*ALCOHOL Y MADUREZ:

Beber se muestra como un símbolo de libertad, de independencia, como una forma de escenificación que se ha dejado de ser un niñ@, para convertirse en personas adultas, una demostración de libertad y madurez. Se obvia que la madurez comporta, precisamente, capacidad para tomar decisiones adecuadas, aquellas más convenientes en cada momento para cada persona, sin someterse a las presiones que pueda ejercer la publicidad o el grupo de iguales.



*ALCOHOL, IGUALDAD Y EMANCIPACIÓN:

Cuando se es mujer, consumir alcohol se presenta como una forma de escenificar la igualdad con respecto a los hombres, una forma de expresar que las mujeres son capaces de hacer las mimas cosas que los hombres. Nada se dice, por supuesto, de que imitar conductas peligrosas no es precisamente la mejor forma de demostrar que se es capaz e inteligente o del hecho de que las mujeres tengan una mayor vulnerabilidad orgánica hacia los efectos de las bebidas alcohólicas.
Gran parte de la publicidad de bebidas alcohólicas se dirige a las chicas jóvenes a quienes se les lanza el mensaje de: atrévete, da el paso, se libre (algo paradójico cuando muchos jóvenes de ambos sexos tienen consumos problemáticos de alcohol).



*ALCOHOL Y SALUD:

La publicidad presenta el consumo moderado de bebidas alcohólicas como un hábito saludable, al que se le atribuyen diversas cualidades terapéuticas y que contribuye a nuestro equilibrio emocional. En ocasiones se recurre a vincular el consumo de alcohol y el deporte, a través del patrocinio de competiciones y equipos deportivos por parte de los fabricantes de este tipo de bebidas, con el objetivo de afianzar una imagen saludable del alcohol.











Evocaciones habituales contenidas en los anuncios de bebidas alcohólicas



El análisis de contenido de la publicidad de bebidas alcohólicas permite identificar, entre otras, las siguientes Evocaciones (palabras, conceptos, sensaciones, valores, etc.) vinculadas, directa o indirecta, con las bebidas alcohólicas:




➽ Diversión
➽ Fiesta, música, baile
➽ Noche (noche sin límite, fiesta sin límite)
➽ Jóvenes despreocupados
➽ Vivir el momento
➽ Hedonismo
➽ Contraposición/alternativa a las obligaciones y formalidades de la vida diaria
➽ Liberación de las responsabilidades 
➽ Desinhibición 
➽ Sociabilidad
➽ Integración grupal
➽ Amistad
➽ Compartir las mismas cosas con las amigas y los amigos.
➽ Provocación, seducción
➽ Sensualidad, erotismo
➽ Pasión
➽ Ligue, éxito sexual
➽ Rebeldía
➽ Trasgresión
➽ Romper límites
➽ Nuevas sensaciones y emociones
➽ Sueños hechos realidad, magia
➽ Descubrir cosas nuevas
➽ Aventura
➽ Asumir riesgos 
➽ Modernidad
➽ Exclusividad
➽ Autenticidad
➽ Sofisticación
➽ Originalidad
➽ Mujeres libres, modernas, independientes
➽ Cultura, arte
➽ Deporte
➽ Atracción irresistible












Te propongo algunas ESTRATEGIAS para re pensar los efectos de la publicidad en tu elección de consumir:

➽ Mantené siempre una actitud crítica permanente hacia la publicidad:

No olvides nunca que la publicidad es interesada, que no prioriza nuestro bienestar, sino el objetivo de que consumamos más. Por ello siempre que veas un anuncio, y más allá de su eslogan o mensaje explícito, hazte la misma pregunta ¿qué me están queriendo decir (vender) en realidad?

 ➽ Tené  presente que la publicidad se asienta en una gran mentira:

Atribuir al consumo o compra de un bien o servicio la capacidad de hacernos felices. Tratá siempre de que tus conductas de compra sean lo más racionales posibles y evita que te condicione la publicidad. Compra las cosas que necesites y no esperes que se produzca ningún milagro. 

 ➽ Pregúntate cuánto de real tiene el mundo que te muestra la publicidad:

Como sabes la publicidad trata de asociar los productos, marcas o servicios que promociona con un mundo irreal, en el que predomina la alegría y la felicidad. Hazte siempre la misma pregunta, ¿el mundo que me muestra la publicidad refleja en realidad mi vida diaria, la de mi familia o la de mis amistades?

 ➽ Acostúmbrate a desmontar los anuncios que veas:

¿Por qué beber una cerveza me va a transportar a una playa idílica, con luna llena, junto a una chica o un chico estupendo? ¿Por qué tomar "una birra" me garantiza disfrutar del sabor del encuentr@? ¿Por qué necesitas tomarte un fernet para ser "único"?

➽ No le hagas el juego a los anunciantes:

Antes de compartir un video viral con tus amistades y demás contactos en las redes sociales o de dar un “me gusta” pregúntate si debes colaborar en la difusión de ciertos menajes o valores o en estimular el consumo de ciertos productos, por más que el video puede ser gracioso u original.




A MODO DE CONCLUSIÓN:


Como dice Younis "La publicidad, como la droga, nos vende de contrabando aquello que en las condiciones socio existenciales actuales de vida se nos niega. La publicidad, como la droga, nos devuelve el sueño de la felicidad".
Nos encontramos como vemos en la antitesis de un discurso educativo que pretende formar personas autonomas, libres con sentido crítico capaces de vivir de forma sana en una sociedad alcoholizada.

El secreto publicitario es entonces ese desacuerdo perpetuo entre las necesidades de los persuasores y las necesidades de los consumidores que tienen lógicas diferentes. De hecho el mensaje publicitario no sólo presenta las posibles bondades de un producto sino tambien difunde una serie de valores no educativos:el valor de tener, los no límites, el hedonismo, la magia del momento, etc.

No hacen falta grandes reflexiones para entender que el consumo problematico de alcohol afecta al proceso educativo, de hecho si la intervencion educativa tiene como meta promover la autonomía, la independencia, la libertad; el consumo problemático de alcohol se contrapone y conduce a la pérdida de la libertad, al deterioro de la convivencia y en muchos casos a la dependencia de una sustancia.

Educar sobre el alcohol implica colaborar y/o conseguir el desarrollo pleno de nuestros chicas y muchachos y la intervención educativa debe trascender la mera información para lograr que nuestros jovenes analicen sus propios valores, tengan capacidad para tomar decisiones y llevarlas a la práctica en diversas situaciones.

Nuestra responsabilidad educativa tiene que ir más allá de transmitir conocimientos merced al desarrollo de actividades puntuales aunque sean exitosas (campañas, programas), e implica un quehacer educativo cotidiano (tipos de aprendizaje, hábitos saludables, valores pro-sociales, etc.) de la comunidad educativa en su conjunto.

Sería una interesante propuesta, en este marco, incluír al consumo problemático de alcohol como un tema transversal educativo.

La transversalidad por principio invita a todos y a cada uno de los miembros de la comunidad educativa a reflexionar de forma crítica sobre su propia postura ante conceptos, valores, actitudes, normas, estrategias de enseñanza, etc. de modo que se busque coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, sin olvidar la influencia de la sociedad. Ello implicaría superar dentro de lo posible cualquier tipo de curriculo oculto, de manera que siempre seamos conscientes de lo que decimos y de lo que hacemos en el quehacer educativo.




Integrar estretegias de prevención en el proyecto de cada centro educativo sería un buen comienzo para lograrlo.








A propósito...¡HOY ES UN BUEN DIA PARA EMPEZAR!










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jueves, 6 de agosto de 2020

Adicciones y Cuarentena




Las estadísticas muestran un incremento en el consumo de alcohol, tabaco y psicofármacos. También crecieron la ludopatía y los disturbios en la alimentación.
JD
No se puede negar que todos tenemos la sensación de estar suspendidos en el tiempo y sometidos a una gran incertidumbre en estas épocas de cuarentena. ¿Cómo evolucionará nuestra vida en esta pandemia? ¿Qué será de nuestro futuro personal y social?
Hay también “personas de alto riesgo” que incluyen aquellas que padecen enfermedades físicas en particular y a los adultos mayores. Sin embargo, poco a poco se va creando conciencia de que la vulnerabilidad excede a quienes presentan patologías físicas y se incluyen en la población de riesgo a aquellos que sufren problemas de salud mental y adicciones.
Si hacemos foco en la problemática de las adicciones, las estadísticas recientes muestran claramente el aumento del consumo de sustancias psicoactivas, principalmente del alcohol, el tabaco y los psicofármacos. También, las adicciones comportamentales como la ludopatía y los disturbios en la alimentación se han incrementado.
En un reciente estudio realizado por el Observatorio de Adicciones y Consumos Problemáticos de la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, “el 21% de los encuestados que consumen sustancias desde antes de la cuarentena reconoció haber aumentado esta práctica en las últimas semanas“.
Los síntomas de angustia y ansiedad se potencian en esta situación de incertidumbre y aislamiento forzoso. 
Es habitualmente el alcohol la sustancia más requerida en esta situación y la de mayor accesibilidad y disponibilidad. Muchos pacientes refieren haber “liquidado” todo el alcohol disponible en su casa y luego salir a aprovisionarse de la mayor cantidad posible, por miedo a la abstinencia.
Lo mismo sucede en este momento con el tabaco, hasta la escasez de cigarrillos se ha convertido en un tema frecuente en los medios de comunicación. En relación a las drogas ilegales, aumentaron los “deliveries” encubiertos y muchas de las rupturas violentas de la cuarentena se pueden explicar como consecuencia del síndrome de abstinencia.
La situación de los pacientes en tratamiento por consumo de sustancias que se han visto interrumpidos por el aislamiento social obligatorio, al menos en su modalidad habitual presencial, se ha hecho corriente. Frente a la necesidad de dar una respuesta a esta situación, las instituciones públicas y privadas se han visto en la necesidad de implementar consultas y tratamientos a través de plataformas virtuales.
Las distintas modalidades de abordaje on-line han sustituido, al menos en la emergencia, a los encuentros personales cara a cara. Obviamente no sustituyen totalmente la contención presencial, pero al menos permiten mantener el vínculo terapéutico y ayudan a mitigar el sufrimiento de los pacientes y sus familias.
Estamos en un momento de padecimiento personal y social, es innegable, pero también es una oportunidad de innovación, de buscar nuevas alternativas. El papel de la familia es crucial para acompañar y sostener al paciente-padeciente. Es momento para replantear modos de vida, para estrechar lazos positivos, para que cada vez seamos más libres de elegir vivir sin el sojuzgamiento de las adicciones.
Paradójicamente, estamos más “encerrados” y sin embargo, podemos ser capaces de abrir nuevos horizontes, atrevernos a vivir en libertad y apostar a la salud. Es el desafío de nuestro tiempo.

HOY ES UN BUEN DÍA PARA EMPEZAR!



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viernes, 10 de julio de 2020

Adicciones en adultos


Cuan­do ha­bla­mos de adic­cio­nes, por lo ge­ne­ral nos re­fe­ri­mos a los jó­ve­nes. Pe­ro los adul­tos tam­bién tie­nen las su­yas: psi­co­fár­ma­cos, al­co­ho­l, ta­baco, co­caí­na, ma­ri­hua­na, alu­ci­nó­ge­nos, cal­man­tes y tran­qui­li­zan­tes sin pres­crip­ción mé­di­ca

El im­pac­to de las adic­cio­nes en los jó­ve­nes, por un la­do, y la in­ten­ción de ge­ne­rar ac­cio­nes que apun­ten más a la pre­ven­ción, por el otro, ha­cen que qui­zás se ha­ble más de las adic­cio­nes en los jó­ve­nes que en los adul­tos; sin em­bar­go, la pre­va­len­cia en adul­tos es al­ta

Así, un es­tu­dio que se hi­zo en la Ar­gen­ti­na so­bre el con­su­mo de sus­tan­cias psi­coac­ti­vas en per­so­nas de en­tre 12 y 65 años nos re­ve­la, por ejem­plo, que el con­su­mo de ta­ba­co es ma­yor en adul­tos que en jó­ve­nes, in­cre­men­tán­do­se in­clu­so a par­tir de los 50 años. No así con el con­su­mo de al­co­hol y ma­ri­hua­na que es ma­yor en jó­ve­nes. Nue­va­men­te se ob­ser­va ma­yor por­cen­ta­je de con­su­mo de co­caí­na, alu­ci­nó­ge­nos y tran­qui­li­zan­tes sin pres­crip­ción mé­di­ca en per­so­nas de en­tre 25 y 34 años de edad.

¿Cuá­les son las adic­cio­nes más co­mu­nes en­tre los adul­tos? 

Las adic­cio­nes más fre­cuen­tes en­tre adul­tos son el ta­ba­co, la co­caí­na, los alu­ci­nó­ge­nos y tran­qui­li­zan­tes sin pres­crip­ción mé­di­ca.

¿Qué con­se­cuen­cias fí­si­cas pue­den traer la co­caí­na, la ma­ri­hua­na y el al­co­hol en los adul­tos?

Las con­se­cuen­cias son múl­ti­ples, va­rían de un in­di­vi­duo a otro co­mo tam­bién se­gún el tiem­po de ex­po­si­ción y can­ti­dad con­su­mi­da.

En ge­ne­ral, los efec­tos de la ma­ri­hua­na se di­cen que son in­hi­bi­to­rios, cau­san­do re­la­ja­ción y som­no­len­cia, mien­tras que los de la co­caí­na son ex­ci­ta­to­rios, ge­ne­ran­do ta­qui­car­dia, hi­per­ten­sión, hi­per­pi­re­xia, in­cre­men­to de la con­trac­ti­li­dad car­día­ca y mi­dria­sis. El al­co­hol, por su par­te, pro­du­ce in­coor­di­na­cio­nes mo­to­ras, fal­ta de equi­li­brio y di­fi­cul­ta­des en la ar­ti­cu­la­ción de la pa­la­bra, en­tre las más co­mu­nes.
To­das es­tas sus­tan­cias men­cio­na­das pro­du­cen ade­más al­te­ra­cio­nes de la sen­so­per­cep­ción, del pen­sa­mien­to, del jui­cio, la me­mo­ria, el hu­mor, la con­duc­ta, el sue­ño y dis­fun­cio­nes a ni­vel se­xual. En los ca­sos más ex­tre­mos se pue­de lle­gar al pa­ro car­dio­rres­pi­ra­to­rio y la muer­te.
¿Es más di­fí­cil la sa­li­da de es­tas adic­cio­nes pa­ra los adul­tos que pa­ra los jó­ve­nes?

La res­pues­ta al tra­ta­mien­to de las adic­cio­nes no só­lo es­tá re­la­cio­na­da con la edad si­no que in­ter­vie­nen múl­ti­ples fac­to­res tan­to a ni­vel in­di­vi­dual, fa­mi­liar, so­cial como cul­tu­ral. En­tre es­tos fac­to­res po­de­mos men­cio­nar la ba­ja au­toes­ti­ma, la es­ca­sa to­le­ran­cia a la frus­tra­ción, la fal­ta de in­cor­po­ra­ción del con­cep­to de lí­mi­te, los sen­ti­mien­tos de de­ses­pe­ran­za, las al­te­ra­cio­nes en el de­sa­rro­llo, los an­te­ce­den­tes de de­pre­sión, la au­sen­cia de la fi­gu­ra ma­ter­na y pa­ter­na, una fa­mi­lia dis­fun­cio­nal, la ma­la co­mu­ni­ca­ción, los an­te­ce­den­tes de con­su­mo fa­mi­liar, las di­fi­cul­ta­des en el ac­ce­so a la edu­ca­ción, al sis­te­ma de sa­lud, ne­ce­si­da­des bá­si­cas in­sa­tis­fe­chas, en­tre otros.
La ma­yor o me­nor di­fi­cul­tad tan­to de jó­ve­nes co­mo de adul­tos pa­ra la sa­li­da de las adic­cio­nes de­pen­de­rá de la in­te­rac­ción de to­dos es­tos fac­to­res.

¿Qué ti­po de te­ra­pias se de­ben en­ca­rar pa­ra adic­cio­nes cró­ni­cas y qué re­sul­ta­dos se ob­tie­nen? 
Las te­ra­pias re­co­men­da­das en adic­cio­nes de lar­ga da­ta de­ben in­cluir no só­lo el tra­ba­jo so­bre las ca­pa­ci­da­des de la per­so­na adic­ta si­no tam­bién so­bre el me­dio que la ro­dea. Se de­ben te­ner en cuen­ta me­di­das de in­clu­sión en su ám­bi­to pró­xi­mo, la re­cons­truc­ción de vín­cu­los a ni­vel fa­mi­liar, la­bo­ral y so­cial, po­ten­cian­do los fac­to­res pro­tec­to­res y re­du­cien­do al má­xi­mo los fac­to­res de ries­go .Nue­va­men­te, los re­sul­ta­dos de­pen­de­rán de la in­te­rac­ción de to­das es­tas va­ria­bles con­jun­ta­men­te con el tra­ba­jo trans­dis­ci­pli­na­rio.
¿Un adul­to ma­yor pue­de pen­sar que el he­cho de con­su­mir psi­co­fár­ma­cos no es una adic­ción, si­no que me­jo­ra su ca­li­dad de vi­da? 
Se de­be con­si­de­rar ca­da ca­so en par­ti­cu­lar. Exis­ten al­gu­nas si­tua­cio­nes en las que la per­so­na tie­ne una en­fer­me­dad cró­ni­ca que le ge­ne­ra do­lo­res muy in­ten­sos, de ma­ne­ra per­ma­nen­te y en don­de el uso de anal­gé­si­cos co­mu­nes no es su­fi­cien­te pa­ra cal­mar el do­lor, que­dan­do co­mo úni­ca op­ción pa­ra me­jo­rar la ca­li­dad de vi­da la de re­cu­rrir a una me­di­ca­ción con­si­de­ra­da co­mo “más adic­ti­va”. En es­tas si­tua­cio­nes se de­be ana­li­zar con­ti­nua­men­te qué lu­gar ocu­pa la sus­tan­cia en la vi­da del in­di­vi­duo pa­ra de­ter­mi­nar si exis­te o no adic­ción. Ade­más en es­tos ca­sos no só­lo la psi­quia­tría es­tá im­pli­ca­da, si­no tam­bién otras es­pe­cia­li­da­des mé­di­cas, por lo que se­rá de vi­tal im­por­tan­cia trabajar de ma­ne­ra trans­dis­ci­pli­nar.
¿Hay adic­cio­nes en los adul­tos que no se con­si­de­ran co­mo ta­les?

En Ar­gen­ti­na, el ta­ba­co y el al­co­hol son con­si­de­ra­dos dro­gas le­ga­les y es­tán acep­ta­das so­cial­men­te a pe­sar de que su con­su­mo abu­si­vo trae apa­re­ja­do efec­tos no­ci­vos en la sa­lud. Es por es­to que mu­chas ve­ces las adic­cio­nes con es­tas sus­tan­cias no son con­si­de­ra­das co­mo ta­les.

¿Qué po­si­bi­li­da­des de re­cu­pe­ra­ción tie­ne un adul­to que be­be o se au­to­me­di­que a es­con­di­das? ¿Có­mo ayu­dar­lo a sa­lir del ocul­ta­mien­to?

Se­gu­ra­men­te que el ocul­ta­mien­to y la fal­ta de re­co­no­ci­mien­to del pro­ble­ma no con­tri­bu­yen en ab­so­lu­to a la im­ple­men­ta­ción de un tra­ta­mien­to. Es ne­ce­sa­rio pri­me­ro to­mar con­cien­cia del pro­ble­ma pa­ra des­pués eva­luar cuáles son las he­rra­mien­tas que se tie­nen pa­ra po­der re­solverlo. La me­jor ma­ne­ra de ayu­dar a con­cien­ti­zar a al­guien al res­pec­to es me­dian­te la trans­mi­sión de un men­sa­je que apun­te a pro­mo­ver y me­jo­rar la sa­lud del in­di­vi­duo, ga­ran­ti­zan­do el acom­pa­ña­mien­to no des­de el pla­no de la obli­ga­ción si­no más bien des­de lo afec­ti­vo. Es por ello que es fun­da­men­tal el vín­cu­lo que exis­ta en­tre los más alle­ga­dos a la per­so­na adic­ta, ya que son ellos quie­nes pri­me­ro tie­nen la po­si­bi­li­dad de trans­mi­tir di­cho men­sa­je. Des­de el pla­no pro­fe­sio­nal es im­por­tan­te tra­ba­jar so­bre el su­je­to y su con­duc­ta pa­ra po­der sin­gu­la­ri­zar las cau­sas del con­su­mo y po­der apor­tar­le nue­vas he­rra­mien­tas que le per­mi­tan su­pe­rar el mis­mo.

¿Qué ti­po de apo­yo de­be brin­dar la fami­lia?

El apo­yo y el acom­pa­ña­mien­to de la fa­mi­lia son un fac­tor muy im­por­tan­te. Mu­chas ve­ces no se tie­ne muy en cla­ro qué ha­cer fren­te a un fa­mi­liar adic­to, ge­ne­rán­do­se di­fe­ren­tes opi­nio­nes den­tro del se­no fa­mi­liar con­jun­ta­men­te con sen­ti­mien­tos en­fren­ta­dos. Lo más acon­se­ja­ble en es­tos ca­sos es acer­car­se y con­sul­tar a un pro­fe­sio­nal que los orien­ta­rá en es­tas si­tua­cio­nes, brin­dan­do ayu­da no só­lo a la per­so­na adic­ta si­no tam­bién a sus se­res que­ri­dos pa­ra afron­tar y en­ten­der el pro­ble­ma de la adic­ción.

¿Es más fá­cil que un jo­ven sal­ga de una adic­ción a que lo ha­ga un adul­to adic­to cró­ni­co?

Exis­ten fac­to­res in­di­vi­dua­les, fa­mi­lia­res, so­cia­les y cul­tu­ra­les que de­ben te­ner­se en cuen­ta a la ho­ra de em­pren­der un tra­ta­mien­to con el fin de po­ten­ciar las vir­tu­des y mi­ni­mi­zar al má­xi­mo los ries­gos. De­pen­de­rá en­ton­ces, no só­lo de la edad del pa­cien­te si­no de la in­te­rac­ción de ca­da uno de es­tos fac­to­res, en el éxi­to o no del tra­ta­mien­to. No obs­tan­te la cro­ni­ci­dad, sea jo­ven o adul­to agra­va sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te el pro­nós­ti­co.

¿Las adic­cio­nes pue­den ser cau­sa de sui­ci­dio? ¿Es al­to el por­cen­ta­je de muer­tes por adic­cio­nes?

Se­gún la Or­ga­ni­za­ción Pa­na­me­ri­ca­na de la Sa­lud (OPS), la Or­ga­ni­za­ción Mun­dial de la Sa­lud (OMS) y la Aso­cia­ción In­ter­na­cio­nal pa­ra la Pre­ven­ción del Sui­ci­dio (IASP) un mi­llón de per­so­nas se qui­ta la vi­da en el mun­do ca­da año, mien­tras que una de ca­da 20 per­so­nas que in­ten­ta sui­ci­dar­se por día lo con­si­gue. El sui­ci­dio está en­tre las tres pri­me­ras cau­sas mun­dia­les de muer­te en per­so­nas de 15 a 44 años. La OMS es­ti­ma que pa­ra el 2020 el nú­me­ro de de­fun­cio­nes por es­ta cau­sa au­men­ta­rá un 50%, sien­do los jóvenes el gru­po de ma­yor ries­go.

En Ar­gen­ti­na, el sui­ci­dio re­pre­sen­ta el 16% de las muer­tes, ocu­pan­do el se­gun­do lu­gar en el gru­po etá­reo de los 15 a 24 años, el cuar­to en­tre los 25 a 34 años y el oc­ta­vo en­tre los 35 a 44 años. Si bien el sui­ci­dio se re­la­cio­na con un es­ta­do aní­mi­co en el que la per­so­na cree que la úni­ca op­ción de ter­mi­nar con su do­lor o dar so­lu­ción a su pro­ble­ma es qui­tán­do­se la vi­da, las adic­cio­nes sue­len lle­var al in­di­vi­duo a ese es­ta­do de áni­mo que pre­dis­po­ne a di­cha de­ter­mi­na­ción. La ob­nu­bi­la­ción que pro­du­ce el con­su­mo fa­vo­re­ce la pre­dis­po­si­ción al sui­ci­dio en per­so­nas de ries­go. Tam­bién ge­ne­ra un blo­queo en el apren­di­za­je emo­cio­nal di­fi­cul­tan­do el de­sa­rro­llo de ins­tru­men­tos ade­cua­dos pa­ra afron­tar el do­lor y la to­le­ran­cia a la frus­tra­ción, fa­vo­re­cien­do el pa­sa­je al ac­to.
Una en­cues­ta rea­li­za­da en es­tu­dian­tes se­cun­da­rios mos­tró que el ta­ba­co y el al­co­hol eran sus­tan­cias pre­sen­tes en los ca­sos sui­ci­das y si bien no se las con­si­de­ra cau­sas di­rec­tas de los mis­mos, sí es­ta­ban pre­sen­tes. Ca­be con­si­de­rar tam­bién que es­tas son las dos sus­tan­cias más con­su­mi­das en la Ar­gen­ti­na.

*La Or­ga­ni­za­ción Mun­dial de la Sa­lud pro­pu­so en el año 2000 una es­ca­la de eda­des pa­ra la es­tra­ti­fi­ca­ción de la ado­les­cen­cia y la ju­ven­tud. Así, con­si­de­ra a la ju­ven­tud ple­na co­mo el pe­río­do com­pren­di­do en­tre los 20 y 24 años. No obs­tan­te, con­si­de­ra­mos que la cla­si­fi­ca­ción te­nien­do en cuen­ta sólo cri­te­rios tem­po­ra­les es in­su­fi­cien­te, ya que la ju­ven­tud es un pro­ce­so que en­glo­ba as­pec­tos co­mo la ma­du­rez fí­si­ca, so­cial y psi­co­ló­gi­ca de la per­so­na, co­mo tam­bién as­pec­tos re­fe­ri­dos a la edu­ca­ción, el tra­ba­jo, la au­to­no­mía e in­de­pen­den­cia en­tre otros as­pec­tos.
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